martes 14 de julio de 2009

Hiato

Creo que es incuestionable que este blog está en el abandono (telaraña en el hocico del león y cochambre en los botones de las rolotas). Hace un par de semanas me vi obligado a escribir lo que no había hecho en ¿un año y medio?, y durante los próximos cuarenta días el ritmo va a estar feroz. No puedo (y no quiero) decir mucho al respecto: si todo funciona según los planes, es obvio que he de pasar el chisme.
La sola perspectiva de todas las ideas que tengo que ordenar en mi cabeza (y sabemos que es digresiva), para después traducirlas a palabra, y encima desprenderme de cualquier dimensión personal, me agobia. Dos grandes dificultades me asaltan:
- Las ideas son palabras, imágenes, sensaciones, asociaciones; no encuentran la misma resolución y se expresan (a veces no lo hacen) según sus propias necesidades. Decir una imagen requiere un esfuerzo significativo, pero decir una sensación o a qué sabe un durazno es una tarea épica, a menos que uno sea un poeta en forma y con suma libertad. Una epifanía rara vez sucede en palabras: se traduce en ellas, pero ese relámpago no es capaz de contener una oración y se requiere un trabajo meticuloso y paciente para llevarlo a sujeto y predicado.
- La crítica literaria no puede, por ningún motivo, disociarse de la voz del crítico. Se habla desde un umbral de experiencia y con un horizonte de expectativas. La crítica literaria es ese punto donde las posibilidades de una obra literaria se resuelven en ese horizonte en el lector.
Y lo peor es que tengo un post entre dedos, pero la conexión en casa es vergonzosa y no ayuda a mis fines. Aunque admito que el gato en las piernas y la sandía en el escritorio ayudan.

sábado 11 de julio de 2009

Ilargia


I.
Estos últimos días ha hecho una luna esplendorosa. Y yo sin una cámara fotográfica decente: ni siquiera voy a cometer la impertinencia de mostrar el chiste de fotografía que saqué con el celular hace dos días.

II.
Libérrimas asociaciones: la luna volvió a despertarme. A las tres de la mañana, lo tomé como un anuncio de la mujer que entra a mi casa.

martes 7 de julio de 2009

Mercy

I.
Otra vez me paso dos horas enclaustrado en la oficina, en una oficina que no es la mía porque la mía está en remodelación, en una oficina que ni siquiera es oficina, sino la sala de juntas que hemos tomado por asalto por las siguientes semanas, en una oficina mucho más fría que la mía (y por tanto más dolorosa), y cuyo único encanto son las paredes de madera y el ventanal que mira al jardín de atrás, al sonido de la lluvia azotando los árboles y el pasto.
Por fin se detiene, por fin puedo salir de aquí, un poco harto de hacer poco de provecho y con mucha hambre. Los charcos en los jardines son enormes y el reflejo de la luna y las lámparas en el lodo (cuarenta centímetros) hace un contraste muy hermoso con el verde vibrante de las hojas, y el amarillo, y el rojo.
Cincuenta pasos y una nube no alcanza a esconder la luna.

II.
Pasada la una de la mañana. He estado viendo la televisión para no pensar, porque me rehúso a caer en uno de esos momentos en que devasto. He visto una serie estúpida, mal escrita y peor actuada; he visto un comentario sobre el golpe en Honduras y francamente me importa poco; he visto el noticiero de medianoche, sólo por ver algo; he visto el ruido blanco (la antena de conejo restringe la oferta televisiva, aún más) y me siento más cómodo.
Apago la televisión, me recuesto y me quito la colcha de encima. Espero a que los gatos suban a la cama; Timoteo se acerca a mi pecho, mulle el colchón, gira hacia mis rodillas y le pido que regrese. Fuchi sube, se acomoda a mis pies; Timoteo recuesta la cabeza en mi brazo, lo veo suspirar, le rasco la oreja, me quedo dormido.

III.
Alguna hora de la madrugada. El gato me despierta, acurrucado junto a mí, ronroneando. Levanto la mirada: la cabecera y la pared están tan iluminadas que me deslumbran, el gato casi brilla, Fuchi ya se está acercando, nomás de metiche.
Miro con atención y pienso por un instante que el vecino tiene la luz encendida; pero no tengo vecinos frente a mi ventana. Giro y veo la luna a punto de esconderse entre los edificios; la luz cubre la mayor parte del cuarto. Me acomodo otra vez, sonriendo.
In moonlight you came from the other side.

miércoles 1 de julio de 2009

La espuma

Agradezcan a Rosy en los comentarios. No es solicitud: el tirano acaba de espetar una orden.

video

martes 30 de junio de 2009

Todos conmigo, a una

I.
Atrapado en la oficina. Regularmente apago la computadora a las once de la noche porque estoy trabajando en A, B, C o D o ninguna de las anteriores (v.g. estoy buscando música loca o jugando solitario). Pero desde hace más de una hora, cuando por fin decidía que era pertinente hacer camino, diluvia: el solo camino a la entrada del metro me sobraría para terminar empapado, y no me imagino los quince minutos que me toma llegar a la casa.
El rayo que cayó como a cuarenta pasos me reitera que lo pertinente es quedarme enclaustrado.

II.
Estas semanas han requerido disciplina: trabajar las hojas sepultadas y darles un buen uso. Hoy terminó esa etapa, lo que no quiere decir que vuelven a su sepultura y abandono, sino que esperan su tiempo (y tendremos todos que esperar con paciencia).

III.
En atención a mi gusto por la ropa seca, debiera atender (dada la ocasión) los menesteres que dejé pendientes estas tres semanas: dos correcciones, una más personal que la otra, una nota que supuestamente escribí hace un tiempo (y que estoy apenas planeando) para una revista en la que me he de enrolar, un artículo para un científico loco que me asedia desde el viernes pasado, algún expediente de esta heroica revista académica que sufraga determinadas necesidades a costa de la eficiencia de los procesos (perdonen doctores, pero sus trabajos no son tan importantes a veces).

IV.
Cómo, no lo pregunten, porque no es muy claro, pero este post carga el número trescientos sobre sus espaldas. Una de mis obsesiones es leer con más atención las páginas 50, 100, 150 y las que siguen en la progresión, y siento una curiosa ansiedad de sólo ver la que antecede.
Hecha la nota, todos: conmigo.

lunes 29 de junio de 2009

On the rush

Mal día para la ansiedad, mal momento cuando hay que escribir una cuartilla (una única cuartilla) o todo corre el riesgo de dar al traste. Y por supuesto, ansiedad sumada a poco tiempo resulta en síndrome de página blanca; o más apropiadamente, de párrafo blanco: sólo son inserciones, un golpe de boleadoras a la rodilla para que caigan y atarles los tobillos.
Ah, pero ayer tenías que regresar tarde a la casa y tuviste que darte el tiempo para comer a tus anchas y tomaste licencia para dormir un rato y descansar la noche (que ni siquiera fue tan larga) y te dijiste que era justo y lo merecías y te lo debes y todavía te falta descansar otro tanto, con un masaje de espalda completa y brazos, y al final el domingo es largo y la noche se hizo para trabajar y no importa porque también tengo parte de la tarde del lunes.
Y ya te estoy viendo mañana, vomitando más ansiedad que hoy porque no encuentras una bendita papelería, corriendo de un lado al otro, bufando de desesperación, ofendiendo desde lo más profundo de tu fuero interno al señor que camina lento, atropellando con pasos bruscos a todos los que se te cruzan en el camino, mirando con desprecio al guardia de seguridad de la oficina.
Mejor regresa a tus pendientes, que en "mañana" no hay tiempo.

jueves 25 de junio de 2009

Tzzz Tzzz Tzzz

[Si no domino la poesía y el género francamente me queda muy grande, si hace mucho me di cuenta de que más me valiera leerla y no escribirla, no sé por qué me empeño. Se aceptan rocas disparadas a la nuca.]

Tengo el pecho lleno de un zumbido
de los que rebosan sobre el cuello y consumen a su paso
todo cuanto tiembla.
De los que arrasan toda calma
y entumen los miembros.
De los que no olvidan y con sólo mirar
recuperan los dolores y odios sepultados
bajo días y días de negarlos;
bajo las sonrisas correctas que se dibujan
_____para contener los estribos,
_____para dormir las furias.
De los que prohíben el descanso
de tanto zumbar contra los oídos,
de hacer estruendo de los granos de polvo,
de provocar espasmos en las costillas.
De los que hacen desfilar a las termitas
sobre cada hueso.
De los que me recuerdan con empeño
que tengo más sangre que piel.
De los que tientan a los gatos monteses,
que asedian con su desprecio a las hormigas,
que rasuran a cada vez los amores que recuerdo.
Es zumbido como ninguno que conociera,
es la parálisis que arrebata alientos,
es el veneno de mis pulmones escanciado:
el pulso de vida que aún reconozco.

Región 4


Quiero suponer que su memoria es abrumadora como la mía, así que no sólo se les hace familiar la imagen, sino que la reconocen.
Ésta la encontré ayer de camino a la casa; y justo cuando estaba por sentirme locamente contento y casi enternecido, me crucé con otro esténcil que quería parecerse a éste, con la particularidad de que más parecía una mancha.
Ahí perdió el encanto. Estaba a punto de decirme que sí, todavía hay esperanza, que quedan los pendientes para continuar. Pero revoloteaba en mi cabeza la furia con que reniego de la falta de creatividad, por una parte, y la penosa ejecución, por la otra. Y no es para menos: el grafiti de Banksy es una crítica feroz a la sociedad y el statu quo, el abuso de las instituciones, una puesta en evidencia de los vicios del sistema; en este país, y tan sólo en esta ciudad, sobra pasto para esas críticas, que podrían ventilarse exquisitamente. Vamos, ¿a ti, mexicanote, chilango que hace patria amando al coterráneo, te dice algo ver a un soldado de la Guardia de la Reina orinando una banqueta en la colonia Del Valle?
Se suponía que tenía que escuchar un piano en mi cabeza (Avril 14th, Jynweythek Ylow, Auto rock o a Dustin O'Halloran), y mejor sonó un tambor de guerra.

miércoles 24 de junio de 2009

Forever's not so long

martes 23 de junio de 2009

Dixit

Pienso que te faltan tantas mujeres por conocer que no creo que puedas afirmar que te cuesta trabajo acercarte a la gente. [...] Estoy de acuerdo que todos tus encuentros se repiten: hasta me las imagino a ellas igual, pero con distintas escenas. Si esto fuera ficción, podría ser un cuento fantástico y siniestro.
Dijo la señora de los ojos providenciales que ven lo que muchos de nosotros ya no podemos y con esas palabras que se ahorran toda convención de cortesía, sin faltar jamás al respeto y las buenas maneras.
Aunque sigo convencido de que tengo pocas virtudes para acercarme a la gente.